Apuntes sobre el mínimo arte del retorno (Parte 1 de 3)

7 08 2008

Diez han sido ya los escuetos artículos, reseñas, semblanzas, reflexiones o crónicas que la estoica paciencia de quienes dirigen y producen Raza Paria me ha permitido, no sin cierta resignada generosidad de su parte, publicar en esta aún modesta pero ambiciosa plaza de la Internet. Ciertas obsesiones ya irrefutables en mi carácter se han encargado de la caótica selección de los temas. No he escrito para el asombro porque no ignoro que soy capaz de lograrlo sólo fugazmente; mis intromisiones en el mundo de las letras virtuales hallan su raíz más en la satisfacción de una caprichosa vanidad intelectual que en la tenaz defensa de una ideología. Creo, es verdad, que cada hombre es su propio dios y que da a luz al mundo a la imagen y semejanza de sí mismo que supone poseer. La comedida majestad de mi habilidad para garabatear juicios sobre el blanco de un papel –o sobre la mortecina luz de una pantalla- es prueba suficiente de mis limitaciones como escritor: la sencillez de la condena o de la apología disfrazan la ausencia de un más complejo, y por ello menos profuso, árido hábito del análisis.
 
En palabras de Hegel, cada conciencia persigue la muerte de las otras. No he conseguido evadir esa tendencia egocéntrica y dictatorial; puedo jactarme, sin embargo, de haber obsequiado a los lectores, aun a su pesar, con una visión de la Historia y sus agentes a la que considero lejos de la utopía pero cerca de la modernidad, ese perenne regalo iniciado por los osados enciclopedistas del Siglo de las Luces bajo cuya envoltura evolucionaron la democracia, el laicismo, el conocimiento científico, la liberación de la mujer, la libertad sexual, la tolerancia para con las minorías de toda clase y un concepto antropocéntrico de la existencia humana basado en la realización a través del saber y del placer, según la sabia sentencia de Oscar Wilde. Lee el resto de esta entrada »

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Música Kennedy

18 06 2008

Es fama que la victoria de Barack Obama en las elecciones internas del Partido Demócrata, tras larga contienda con la señora Clinton (quien no obstante su pertenencia a cierto difuso feminismo usara en toda ocasión el apellido de su marido) fue obtenida en no menor grado gracias a las hábiles maniobras desplegadas por sus acólitos entre los superdelegados. Entre éstos se cuentan los sobrevivientes del malhadado clan Kennedy, unidos alrededor del calor que aún emana de la mitológica figura del hermano John.

Desde principios de este año, Caroline Bouvier Kennedy, hija del asesinado presidente y de Jacqueline Bouvier,  en un artículo de opinión publicado en el New York Times (A President like my Father), comparó ostensiblemente las cualidades de Obama con las de su extinto padre. Es la segunda vez que la abogada, homenajeada por el cantante Neil Diamond en su canción Sweet Caroline, se inclina en apoyo de un candidato presidencial demócrata. La oportunidad anterior tuvo lugar en 1980, cuando su tío Edward, olvidado de su negligencia criminal que causara la muerte de una de sus secretarias, Mary Jo Kopechne, bajo las aguas de un modesto canal junto a un puente en la isla Chappaquidick, le disputara sin éxito la nominación al entonces presidente James Carter. Quizás su derrota tuviese que ver con otra canción, esta vez de Simon y Garfunkel, Bridge over Troubled Waters, que sus enemigos hicieran sonar burlonamente durante la campaña.

Es de desear que este nuevo apoyo de los Kennedy no genere más revivals en el arte musical estadounidense.

Hadrian Bagration