Ensayo sobre la normalidad de la idiotez

31 07 2008

Eichmann En 1993 Norbert Bilbeny, catedrático de Ética de la Universidad de Barcelona, casi ganó el Premio Anagrama de Ensayo merced a su obra El Idiota Moral, La Banalidad del Mal en el siglo XX, libro en el cual concluye que los acontecimientos más tenebrosos de los últimos cien años (guerras mundiales, genocidios, campos de concentración y exterminio, desapariciones forzadas, actos terroristas) son animados por autoridades políticas o religiosas que adolecen de la misma indiferencia hacia el sufrimiento del prójimo que la observada en asesinos psicópatas. Bilbeny tomó prestado parte del título del más famoso trabajo de la pensadora Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalén, Ensayo sobre la Banalidad del Mal, escrito en ocasión del juicio a uno de los más arduos responsables del Holocausto, Adolf Eichmann, capturado por agentes del Mossad, el servicio secreto israelí, en 1960 en Argentina, luego de residir en un suburbio de Buenos Aires durante diez plácidos años gracias a la oscura generosidad de Juan Domingo Perón.

Según Arendt, Eichmann era un individuo cuya única anormalidad era ser aún más estrictamente normal que el grueso de las gentes. Sus motivaciones en la orquestación del asesinato de millones de personas desde la comodidad de su escritorio no eran patológicas, sino sencillamente de gris conveniencia personal. Eichmann no había ingresado en la feroz orden de las SS como resultado de su ciega fe en el credo nazi, sino con el nada espectacular (y más tarde, confeso) objetivo de forjarse una carrera en los promisorios y demandantes tiempos del régimen de Hitler. Su recatado puesto en la burocracia de la Endlösung le permitía mantenerse lejos de los albures de las batallas, beneficio adicional al que jamás renunció. Si la consecución de su propio bienestar y el de sus seres queridos era obstaculizado por la necesidad de obedecer instrucciones que implicaban la destrucción de los judíos de Europa, así como también la de los gitanos, eslavos, homosexuales, disidentes y demás malas compañías, no era ése asunto suyo. Lee el resto de esta entrada »

Anuncios




Publio Elio Adriano

10 07 2008

PUBLIO ELIO ADRIANO (24 de Enero de 76 – 10 de Julio de 138 EC)

hadrian3

Italia ha sido para los hombres de letras británicos, desde Shakespeare hasta Oscar Wilde, fuente de solaz, de refugio y aun de exilio. Hacia fines de las segunda década del siglo XIX, Percy Bysshe Shelley, cuyo talento como el mayor de los poetas románticos ingleses es quizás sólo eclipsado por el de Keats, mencionó en su breve poema Ode to the West Wind a Baia, cierto lugar en la bahía de Nápoles, hoy superado por las aguas, donde casi dos milenios atrás muriera quien fue posiblemente el más ilustre de entre los ilustres romanos.

La gloria de Adriano no se forjó en la conquista de nuevas fronteras, ni en la estricta observancia de alguna religión; mucho menos en la grandilocuencia del heroísmo o del martirio. Por el contrario, fueron sus  pasiones artísticas, arquitectónicas, literarias, políticas e incluso eróticas las que condujeron a sí mismo y al Imperio a su apogeo. Su mejor biógrafo, Anthony Birley, lo apodó the restless emperor, el emperador inquieto: visitó  casi todas las provincias, que hasta entonces no habían sido para sus antecesores poco más que mero catálogo impositivo. Para recibirlo, y con su anuencia y patronazgo, se construían necesarias obras públicas, se mejoraban los caminos, se abrían nuevas rutas al comercio y se cultivaba un esteticismo deliciosamente decadente. Suavizó, hasta donde ello era posible, el trato dispensado a los esclavos. Tras su paso, este legado se mantendría hasta mucho después de su muerte. Sus guerras fueron puramente defensivas; con excepción de los zelotas, los bárbaros llegaron a admirarlo y a formular votos por su salud. Lee el resto de esta entrada »