Para los amantes de lo misterioso, para los voyeuristas de lo exótico, para los coleccionistas de absurdos… A ver quién se imaginó una experiencia religiosa como la que les voy a describir.
No soy lo que se dice una persona practicante, pero cuando me enteré que en Bocas del Toro (Panamá) se estaba haciendo una peregrinación a pocos kilómetros de mi hostel decidí ir a ver cómo expresaban los panameños su fe. Me alquilé una bici y pedalié 10 km hacia el centro de la Isla Colón, una de las tantas que forma este archipiélago situado sobre el Caribe panameño. Al parecer, el tercer sábado de julio de cada año, los bocatorenses caminan hacia “La Gruta”, una cueva de unos 3 metros de altura habitada únicamente por cientos de murciélagos y protegida por dos imágenes de la Virgen en la entrada. Leer el resto de esta entrada »
Cervantes hace decir a aquél de sus personajes que pervive en la agradecida memoria de hasta el más ineficaz de los lectores que la Historia es “émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir”. La aguda sentencia halla su antecedente en la definición obsequiada por Cicerón en De Oratore, II, IX, 36: “Historia vero testis temporum, lux veritatis, vita memoriae, magistra vitae, nuntia vetustatis”. Una buena parte de la memoria de la humanidad, la biblioteca del palacio de Sanlúcar de Barrameda, descansa luego de la vehemente tarea a la que Doña Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura la sometiera casi hasta la jornada en la que brilló la majestad de su muerte. Yace a medias respondida la insolente misiva que le envié, en años curiosos, inquiriendo acerca de la dudosa existencia de Abdul Yasar ibn al Yamani, llamado también al Mizri (el terror), al Simawi (el médico), al Qemti (el egipcio) y al Mashdub (el demente, pero asimismo el ebrio de Dios), celebrado en la perplejidad de sus comentadores actuales como Abdurrabbí o Abdul Hadrat al Hazred, una cohesiva simplificación de sus apelativos que confirman su origen semita y su locura. Sería Abdul Yasar un egipcio de buena familia nacido a finales del siglo VII, de insegura procedencia judía, verosímilmente iniciado en la pureza de los comienzos de la Kabbalah importada de la lejana Babilonia, estrujado entre las exigencias de la fe de Yahvé, las coloridas tradiciones de los aún potentes dioses egipcios y las astringencias del novísimo Islam.
En la sociedad argentina es la triste realidad. Primero está el combate, la agresión física o verbal; después en el mejor de los casos aparece la razón. Es el último recurso de los argentinos. Sólo se usa en situaciones de extrema urgencia. El conflicto gobierno-campo es el mejor ejemplo en la vida política del país. Luego de duros ataques verbales entre ambas partes y diferentes medidas de fuerza (me pareció más agresivo el gobierno), finalmente se decidió llevar el debate al congreso. Acto que debió realizarse en un principio y no como acción final. Pero salgamos de la vida política y pasemos a la vida lúdica.
Diez han sido ya los escuetos artículos, reseñas, semblanzas, reflexiones o crónicas que la estoica paciencia de quienes dirigen y producen Raza Paria me ha permitido, no sin cierta resignada generosidad de su parte, publicar en esta aún modesta pero ambiciosa plaza de la Internet. Ciertas obsesiones ya irrefutables en mi carácter se han encargado de la caótica selección de los temas. No he escrito para el asombro porque no ignoro que soy capaz de lograrlo sólo fugazmente; mis intromisiones en el mundo de las letras virtuales hallan su raíz más en la satisfacción de una caprichosa vanidad intelectual que en la tenaz defensa de una ideología. Creo, es verdad, que cada hombre es su propio dios y que da a luz al mundo a la imagen y semejanza de sí mismo que supone poseer. La comedida majestad de mi habilidad para garabatear juicios sobre el blanco de un papel –o sobre la mortecina luz de una pantalla- es prueba suficiente de mis limitaciones como escritor: la sencillez de la condena o de la apología disfrazan la ausencia de un más complejo, y por ello menos profuso, árido hábito del análisis.
Los seguidores fundacionales, que son oyentes milenarios de Raza Paria desde su génesis, sabrán de lo que estoy hablando con tan solo pispear el título de este breve artículo. Hace varios meses, durante mi columna en el programa entregábamos los premios de cada fecha del torneo, y había uno que estaba ligado directamente a una jugada puntual que había ocurrido en uno de los partidos jugados el fin de semana: la jugada confunde fútbol.
Últimamente se ha puesto de moda el adjetivo “histórico” en el terreno de la política argentina: El día en que el campo colmó varias cuadras de la avenida del Libertador en Palermo fue histórico. Aquella noche en la cual Julio Cobos votó en contra de la aprobación de la ley de retenciones también quedó en la historia. Hoy, sábado 2 de agosto de 2008, la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, ofreció una conferencia de prensa en la residencia de Olivos ¿También es un día histórico?