El dulce sabor del robo interminable

7 07 2008

Mugabe estrechándose en un abrazo con ChávezLejos de aquella elemental división de las formas de gobierno propuesta por Aristóteles, la cleptocracia (el gobierno de los ladrones, en ocasiones también llamado cleptarquía, sobre todo cuando los usuarios del hurto constituyen casi una ostentosa clase social) se ha encaramado a la cima de la pirámide política de un sinnúmero de naciones del orbe. No resulta extraño constatar que estas perversas versiones del poder se arremolinan insolentemente en los arrabales de la pobreza de ciertos continentes; América Latina,  situada demasiado a la zaga del mundo en tantos órdenes importantes, compite con África por un magro primer puesto en lo tocante a la cantidad de países que congelan a sus pueblos en la miseria mientras los miembros de sus élites dirigentes se ufanan en llevar a cabo paseos de compras por los rincones más chic de las capitales europeas.

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